A la vera del río Hudson se alza la obre más monumental del escultor Jaume Plensa, El alma del agua. Se trata de la cara de una mujer de 22 metros de altura con el dedo índice en los labios pidiendo silencio. El "shhhhh..." que parece emitir la figura, que mira al skyline de Nueva York, podría haber llegado a los interiores de la Upper West House, situada a poca distancia. Proyectada por el estudio norteamericano Chango & Co y ubicada en el barrio donde se ambientó la mítica película West Side Story, esta casa invita a la calma. Bañada por el suave oleaje del río y por la naturaleza del histórico Central Park, sus cuatro plantas se suceden en una travesía relajada y tranquila. Se halla en una construcción antigua, de finales del siglo XIX, cuya fachada fue reformada en el año 1970.
Ahora, coincidiendo con su adquisición por parte de una familia de tres miembros, se ha realizado otra rehabilitación, en esta ocasión de la fachada trasera, que la ha convertido en un lugar (aún) más espacioso. En sus casi 500 metros cuadrados se suceden los espacios sosegados, ya sea el comedor, la cocina, la habitación infantil o el baño. Incluso el dormitorio de invitados, con una lámpara de Isamu Noguchi, sigue la misma pauta estética. Aquí nadie –ni las visitas– se salvan de ser contagiados por este ambiente relajado, casi zen, que tanta adicción provoca y por el que casi todos suspiramos.
En la primera planta se encuentra lo que los arquitectos de Chango & Co, liderados por Susana Simonpietri, denominan el corazón de la casa. En realidad, se trata de un caja diáfana que incluye el salón, el comedor y la cocina. La luz natural es la gran cómplice de esta parte de la vivienda en la que predominan las formas redondeadas (presentes en el sofá, en la mesa de centro, en la del comedor, en las sillas o en las lámparas).
Esto no significa que se renuncie a los contrastes (de hecho, se aplauden), y por eso estas piezas más curvilíneas dialogan con líneas rectas más puras como las que ofrecen sin disimulo las dos encimeras de la cocina, proporcionando un perfil más arquitectónico que también resulta muy favorecedor.
A nivel cromático, la Upper West House toma el color crema y lo reparte a discreción, pintando escenarios sobrios, pero cargados de intención. Si hay algún alumno de diseño o de interiorismo que esté estudiando el beige, aquí tiene su templo. Este tono se declina con la inteligencia de quien no lo considera una opción sosa, sino bella y lujosa. Y entre crema y crema, alguna nota de negro para sorprender: el marco de un cuadro, el cable de una lámpara o un respaldo, elementos que dan juego y que añaden textura sin desvirtuar la idea central del proyecto: esculpir un oasis de silencio en una de las ciudades más bulliciosas. Sobre este "corazón de la casa" se reparten dormitorios y baños.
Hasta el más insomne del mundo conseguiría dormir en la cama de la suite principal, hecha a medida con un cabecero que se estira y se curva para abrazar un gran banco que abarca toda la pared y que es uno de los hits. A través de las ventanas se pueden entrever las icónicas escaleras de incendios de Nueva York que han inmortalizado tantas y tantas películas, entre ellas la mencionada West Side Story. Pero aquí, a diferencia del film, no hay lugar para las rivalidades entre clanes. Este es un plató tranquilo, el guión de una historia que dice más por lo que calla que por lo que habla, más por los silencios que por las palabras. En este escenario doméstico se viene a descansar, como si de un balneario improvisado (o no tanto) se tratase.
El patio (imprescindible la presencia de un rincón verde) incluye una generosa mesa para disfrutar de una comida o de una cena con amigos al aire libre. Sumado a dos terrazas, acaba de configurar esta versión libre del clásico sueño americano (y de cualquier nacionalidad). Por cierto, que la mayoría de los muebles y de los complementos también llevan el sello de EE.UU.,aunque tengan semblante nórdico. Al final, el buen gusto es universal.