Su propia casa no ha sido concebida como un laboratorio de ideas, asegura Joseph Dirand, sino como un hogar que refleja su personalidad, un espacio confortable, luminoso y generoso. Dirand es uno de los arquitectos y diseñadores más solicitados de la escena francesa e internacional. Ha trabajado con firmas de prestigio proyectando muebles, casas, restaurantes, fundaciones privadas y hoteles. Pero esta es su casa, situada en el distrito 7º, en un palacete del siglo XVII.

Cuando la encontró no quedaba en su interior rastro alguno de su pasado, así que la labor de Dirand ha sido reconstruirla y devolverle el esplendor de antaño. Ha recuperado postigos, suelos, techos, marcos de las puertas y cornisas, siendo respetuoso, es decir,
tradicional dentro de la pureza. Buscó en libros de arquitectura italiana del siglo XVII y decidió que las paredes fueran lisas y que únicamente hubiera un frontón en las puertas para que no quedaran desproporcionadas en altura.

Se decantó por el marmorino, un tipo de estuco pigmentado que se utilizaba en la época: blanco para el salón, gris cálido para la entrada y la cocina y beige pálido para el dormitorio. Para completar, un parquet de carrés tipo Versalles en las habitaciones nobles y revestimientos de mármol Paonazzetto, con vetas grises, tierra y verdes, en el baño. Dirand colecciona muebles de arquitecto desde que a los 18 años compró unas sillas de Jean Prouvé. “Aquí están las piezas que amo y he ido acumulando. Todas tienen un valor sentimental y una historia propia”.

piezas

Como los sillones que Pierre Jeanneret diseñó para la ciudad india de Chandigarh, la mesa de Ettore Sottsass o un sillón de Oscar Niemeyer. Como resultado de su intervención, la casa parece que lleve así toda su existencia, desprendiendo un aire elegante, especialmente por los materiales utilizados, y a la vez nos aproxima al estilo de Dirand, esencial, brillante y relajado. Su colección de arte abstracto y minimalista enriquece la atmósfera. ¡Cuánta cultura!