A principios del siglo XX, este edificio era el destino de artistas como Cecil B DeMille. Para no perder el encanto de aquella época, la diseñadora Kelly Wearstler ha conservado parte del mobiliario de aquella época para dar forma al nuevo hotel Downtown L.A. Proper, introduciendo también piezas artesanas de creadores locales y consiguiendo un resultado muy ecléctico. 

La atractiva mezcla se hace más evidente en los espacios sociales del hotel: en el recibidor y en los restaurantes, llenos de vida gracias a la presencia de piezas antiguas y nuevas que dialogan sin complejos ni límites. En las habitaciones, reina un ambiente más sosegado, favorecido por los colores cálidos y por la siempre agradable presencia de la luz natural. En la azotea del hotel reside la guinda del pastel: una piscina decorada con azulejos de inspiración Mediterránea.