Los azulejos son, desde hace siglos, un recurso estético y funcional con infinidad de posibilidades. Aunque tradicionalmente asociados al baño y la cocina, su potencial decorativo va mucho más allá. Resistentes, fáciles de mantener y cada vez más variados en texturas, formatos y acabados, hoy los azulejos conquistan nuevos territorios dentro del hogar, aportando carácter, protección y un punto de originalidad.
Materiales, acabados y formatos, una paleta infinita de posibilidades
Antes de lanzarse a colocar azulejos en espacios menos convencionales, conviene tener claro qué tipo de material encaja mejor según el uso, la exposición o el efecto deseado. La cerámica, el gres porcelánico, los azulejos hidráulicos o los mosaicos vítreos no solo difieren en su estética, también lo hacen en sus propiedades técnicas.
Los azulejos cerámicos son los más versátiles: se presentan en una amplísima gama de colores, texturas y acabados, son económicos y fáciles de cortar y colocar. Son ideales para interiores secos o zonas decorativas donde la resistencia extrema no sea prioritaria. El gres porcelánico, en cambio, es más denso y resistente, aguanta humedad, temperaturas extremas y golpes, por lo que se recomienda para suelos, exteriores o superficies de alto tránsito.

Tienen cabida en cualquier espacio si atiendes a sus cualidades.
Marcela Grassi
Los hidráulicos, con su carácter artesanal, se han convertido en un clásico contemporáneo. Aportan calidez y un punto retro a cualquier estancia, aunque requieren ciertos cuidados y deben protegerse si se colocan en zonas húmedas. Por último, los mosaicos vítreos o metálicos ofrecen un acabado brillante, perfecto para dar dinamismo y reflejos a espacios pequeños o con poca luz natural.
La elección del formato también influye: las piezas pequeñas permiten mayor detalle y adaptabilidad a superficies irregulares, mientras que las de gran tamaño generan sensación de continuidad y amplitud. Hoy, además, existen azulejos tridimensionales, con efecto textil, piedra, madera o incluso metal oxidado, que abren la puerta a composiciones atrevidas y con mucha presencia.

Como en todo, el tamaño de los azulejos también importa.
D.R.
¿Dónde colocarlos? Aquí van algunas ideas menos evidentes, pero igual de efectivas
1. El cabecero del dormitorio
Revestir la pared donde se apoya la cama con azulejos es una alternativa al clásico cabecero de madera o tapizado. Los modelos cerámicos con efecto textil, piedra o hidráulico aportan textura y un toque artesanal sin sobrecargar el espacio. Además, se limpian fácilmente y no se deforman con el tiempo. En dormitorios con una decoración sobria, puede actuar como punto focal; en habitaciones infantiles, se puede optar por versiones coloridas o con ilustraciones.
2. La trasera de una estantería abierta
Una estantería exenta o un mueble de obra empotrado puede ganar profundidad y personalidad si se reviste su fondo con azulejos decorativos. Es una manera de enmarcar los objetos que contiene, realzar sus colores y dar continuidad al estilo general del ambiente, ya sea en el salón, el recibidor o un despacho doméstico. En estanterías que sirven de separador de ambientes, el efecto puede ser aún más impactante, actuando como una especie de telón decorativo.

No subestimes el poder del azulejo.
D.R.
3. Paredes de zonas de paso
Los pasillos y distribuidores son lugares de mucho tránsito que suelen quedar en segundo plano a la hora de decorar. Colocar azulejos en una o varias paredes no solo protege frente a roces o golpes, sino que permite introducir color o patrones gráficos sin saturar. Los formatos alargados o en espiga ayudan, además, a estilizar visualmente estos espacios. Se pueden elegir azulejos tipo metro para un aire industrial o cerámicas con relieve para aportar volumen a zonas estrechas.
4. Frentes de chimeneas
El contorno o la base de una chimenea puede transformarse con un revestimiento cerámico. Los azulejos resisten el calor y, si se eligen en tonos contrastados o con acabado esmaltado, pueden convertirse en un foco visual dentro del salón. Los modelos de pequeño formato tipo mosaico aportan un aire artesanal muy acogedor. También es posible crear composiciones geométricas o incluso inspirarse en la estética marroquí para darle un aire más exótico.
5. Interiores de armarios o vestidores
¿Y si el interior de un armario no fuera solo funcional? Revestir las paredes de un vestidor o las traseras de un armario empotrado con azulejos decorativos da una sorpresa visual cada vez que se abre. Es también una manera inteligente de proteger el fondo de manchas o roces sin recurrir a paneles convencionales. En vestidores abiertos, los azulejos pueden servir incluso como telón de fondo decorativo, elevando el nivel estético del conjunto.

Azulejos everywhere.
José Hevia
6. Encimeras de cocina o muebles auxiliares
Más allá del clásico frente de cocina, los azulejos pueden utilizarse también sobre encimeras, islas o muebles auxiliares, especialmente en versiones artesanales o hidráulicas. Combinan bien con madera, aportan resistencia y permiten jugar con el color. Además, ofrecen una superficie fácil de limpiar y duradera. En cocinas de estilo rústico o mediterráneo, las encimeras revestidas de azulejos evocan tradición y autenticidad.
7. Techos con textura
Aunque poco habitual, colocar azulejos en el techo puede tener un gran efecto decorativo. En zonas concretas como una cocina abierta, un comedor o un aseo de cortesía, los azulejos con relieve, brillo o patrón pueden delimitar visualmente sin necesidad de tabiques. También reflejan la luz y aportan una sensación envolvente muy singular.

Comedor y cocina abiertos con pared de azulejos.
Pol Giné
8. Zócalos en habitaciones infantiles o entradas
Los zócalos cerámicos protegen las paredes de golpes, manchas o roces, y pueden instalarse en habitaciones infantiles, entradas o comedores de uso frecuente. Al no requerir mantenimiento y ser altamente resistentes, son una alternativa eficaz a las molduras tradicionales. Si se eligen en tonos suaves o pastel, suman también un componente decorativo muy atractivo.
9. Escaleras y contrahuellas
Las contrahuellas de una escalera son un lienzo perfecto para dar rienda suelta a la creatividad. Utilizar azulejos diferentes en cada peldaño, o bien repetir un patrón con piezas hidráulicas o esmaltadas, convierte la escalera en una pieza escultórica. Además de decorar, los azulejos protegen la estructura del desgaste propio del paso continuo. En viviendas con escaleras de obra vista o hierro, el contraste con piezas cerámicas puede resultar sorprendente y elegante.
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